AGAMENON


Agamenon
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por Lucio Anneo Séneca
Libros En Red, 2011
COLECCIÓN: Teatro (vea otros libros de la misma colección)

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HOJEE EL INTERIOR DEL LIBRO

LA SOMBRA DE TIESTES: Dejando las opacas mansiones del infernal Plutón, saliendo del profundo Tártaro, vengo a este palacio, sin saber cuál de los dos lugares aborrezco más. Soy Tiestes, huyo de la tierra, huyo de los infiernos. ¡Ay! me horrorizo y el pavor sacude mis miembros. Veo la casa de mi padre ¡la casa de mi hermano, también! Este es el umbral de la antigua casa de Pélope. Aquí acostumbran los Pelasgos ofrecer sacrificios por la prosperidad del rey, aquí se sientan los varones esclarecidos, cuya mano empuña el cetro. Este es el lugar donde se reúne el senado, este es el sitio destinado a los convites. Quiero volverme. ¿No es mejor habitar en las orillas del triste lago? ¿No es mejor ver al custodio de la laguna Estigia sacudiendo las negras guedejas de su triple cuello? En el Averno es donde Ixión, encadenado a la veloz rueda, da vueltas sobre sí mismo; allí es donde Sísifo se fatiga en vano, levantando la piedra, que cae hacia atrás, tantas veces; allí roe el buitre voraz las entrañas de Ticio; allí Tántalo, devorado por una sed abrasadora, acerca sus labios secos a la corriente fugaz. De esta manera lo castiga el cielo por el nefando convite que dio a los inmortales. ¿Cuál es la parte que tuvo aquel anciano en nuestra culpa? Consideremos a todos los malvados cuyos nombres agita en su urna el severo rey de Creta. (Minos). Yo, Tiestes, he vencido en maldad a todo mi linaje, yo fui vencido por mi hermano, que me hizo devorar a tres hijos míos. ¡Devoré mis propias entrañas! Por fin la inconstancia de la suerte me da algún reposo, después de tantos males. Aquel rey de los reyes, aquel Agamenón, capitán de los capitanes, cuyas banderas siguieron mil naves, que cubrieron el mar de Troya con sus velas, rendida ya Ilión, después de dos lustros, viene a morir por el hierro de su esposa. Ya, ya, nadará el palacio en la sangre de uno de los dos. Veo las espadas, las segures, los dardos, la cabeza del rey separada del tronco por el golpe del hacha. Ya se acercan los crímenes, la traición, la matanza, la sangre. Ya se disponen las mesas del festín. Ven, Egisto, hoy es el día de tu natalicio. ¿Por qué se pinta el rubor en tu semblante?, ¿por qué tiembla tu mano, y no se atreve a descargar el golpe?, ¿por qué meditas, dudas y te preguntas a ti mismo si esto es o no lícito? Mira a tu madre, dice que sí. Mas, ¿cómo es tan larga una noche de verano? ¿Cómo se detienen las estrellas en su ocaso? Mucho tarda el sol; restituye, oh, Titán, la claridad al día.

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Hace un tiempito hablábamos de los seudónimos, esos nombres de fantasía que los autores eligen, por distintos motivos, para enmascarar su identidad...